El sentimiento de carencia

Elena es una mujer joven, sobre los 40 años. Es atractiva, se nota que se cuida y sonríe a menudo. En la primera impresión dirías que está alegre y es vital, pero si miras con más atención, se observa una mirada triste y cansada que contrasta con su sonrisa. Viene a terapia porque inicia relaciones con mucho entusiasmo y sintiendo que, por fin, ha encontrado a la persona idónea y al poco tiempo se desencanta. Enlaza una relación con otra y le cuesta mucho estar sola.

A medida que avanzan las sesiones, Elena va contactando con un sentimiento de carencia que intenta llenar con un otr@ evitando el contacto consigo misma que emerge al estar sola.

Qué es el sentimiento de carencia

El sentimiento de carencia es una sensación permanente de que “falta algo”.

Es una sensación subjetiva de falta o ausencia de algo que la persona considera importante, necesario e incluso imprescindible para sentir bienestar y sentirse bien consigo misma y en la vida.

Este sentimiento puede ser real o percibido, pero en todo caso, es subjetivo: no siempre refleja una falta clara y real; alguien puede tener mucho y aún así sentir que no es suficiente.

Genera ansiedad o frustración y activa un estado de insatisfacción que puede derivar en comportamientos compulsivos (como comprar en exceso, buscar validación constante, ir de relación en relación, trabajar en exceso, adicciones, etc.).

La persona que lo vive suele tener creencias limitantes: Por ejemplo, «no soy suficiente», «no merezco amor», «nunca tendré lo que quiero».

Cómo afecta

Este sentir carencial se proyecta en un aspecto concreto de la vida y la persona se siente frustrada y se obsesiona por ese aspecto o puede sentirse carente o fracasada en general. Los aspectos más habituales son:

En las relaciones (pareja, familia, amistad) se vive una carencia de amor o atención sintiendo que no se es suficientemente querido, valorado o comprendido. Y generando relaciones de dependencia o celos e inseguridad.

En el ámbito profesional la persona se esfuerza para conseguir cubrir la carencia de reconocimiento a través del éxito y le puede llevar a situaciones de burnout.

El Síndrome del impostor también puede ser una consecuencia porque aunque se alcancen logros o se sea valorad@ persiste la idea de no merecerlas.

La autoestima o autovaloración
se ven afectadas generando una autocrítica constante, comparación con otr@s, sensación de vacío interno

La relación con las personas, la comida, sustancias, alcohol, trabajo, compras, redes sociales pueden estar alteradas generando dependencias y adicciones.

Causas

Las causas del sentimiento de carencia suelen estar arraigadas en experiencias en la infancia y/o adolescencia donde necesidades fundamentales en el proceso de crecimiento no fueron colmadas suficientemente.

A veces, la vivencia ha sido traumática sufriendo abandono, negligencia en el cuidado o escasez que se mantiene en el adulto

Se mantiene este sentimiento al compararse, enfocarse en lo que falta y no en lo que se tiene, pensamientos despreciativos y críticos contra uno mismo.

También hay factores sociales y culturales, el consumismo y la cultura del «nunca es suficiente, favorece este sentimiento, también si hay soledad o falta de vínculos significativos.

Las crisis vitales o cambios importantes como duelos, desempleo o envejecimiento también lo puede provocar

Sanar

Sanar este sentimiento de carencia es un proceso profundo que implica mirar hacia adentro, sanar heridas pasadas y construir una relación más compasiva contigo mism@.

Si retomamos la historia de Elena podemos apreciar este proceso de sanación:

Elena inició un proceso donde fue reconociendo y nombrando la carencia que aparecía cuando estaba sola y las emociones que le generaba. Este sería el primer paso a dar

  1. Reconocer y nombrar la carencia: piensa que no puedes transformar lo que no reconoces. Pregúntate:
    ¿Qué siento que me falta? (Amor, validación, seguridad, libertad, dinero…)
    ¿Desde cuándo lo siento?
    ¿Qué emociones me genera? (Tristeza, ansiedad, frustración…)

Fue recordando, contactando y expresando los sentimientos de angustia y abandono cuando era muy pequeña, a raíz de una separación de sus padres, donde el padre creó una nueva familia viéndola con poca frecuencia.

2. Identifica el origen: la mayoría de los sentimientos de carencia vienen de experiencias tempranas:
¿Hubo algo que no recibiste en tu infancia o adolescencia?
¿Te enseñaron que debías “merecer” amor o éxito?¿Qué situaciones se dieron en la infancia o adolescencia que te pudieron afectar?

Al entender de dónde viene la sensación y expresar todo lo que tu niñ@ o adolescente no puedo expresar, puedes dejar de culparte y empezar a sanarla.

Reconoció una creencia que la acompañaba desde la separación: “mi padre se fue porque mi madre y yo no éramos bastante para mi padre”, en vez, de ver la falta de responsabilidad de su padre con ella.

3. Reconoce las creencias limitantes y sustitúyelas por creencias más sanas
“No soy suficiente.” – “Soy valioso tal como soy.”
“El amor se gana.” – “Tengo derecho a recibir sin tener que demostrar.”.

Y se dio cuenta como en cada relación buscaba al padre, pidiendo a sus parejas un amor y una atención que no correspondía con una relación de pareja, por ello se desencantaba enseguida.

4. Observa como esa creencia tiene relación con el sufrimiento y los patrones de comportamientos fijados en el presente

Empezó a cuestionar su sentimiento de falta de valía y aprendió a acompañarse a sí misma y cubrir sus necesidades de afecto sin dejarse llevar de forma compulsiva a relaciones poco satisfactorias

5. Aprende a darte lo que sientes que falta, en vez de esperar que otros llenen el vacío, empieza a nutrirte desde adentro:
  Carencia de amor: practica de autocompasión, cuidado propio.
  Carencia de seguridad: establece rutinas, límites sanos, trabaja en tu confianza.
  Carencia de reconocimiento: reconócete tú mismo, celebra tus logros.

Empezó un grupo de trabajo corporal y a hacer ejercicio para desarrollar apoyo interno a través del contacto en el cuerpo

6. Cultiva la presencia (salir del modo escasez) y el Aquí y Ahora
El sentimiento de carencia nos lleva al futuro («necesito más») o al pasado («no tuve…»). Estar presente ayuda a ver que aquí y ahora estás a salvo y eres suficiente. Para ello puedes:

  • Meditar conectando con la gratitud
  • Practicar la respiración consciente.
  • Hacer Trabajo psicocorporal en grupo o individual
  • Anotar 3 cosas buenas de tu día, cada noche.

Si sientes que este vacíos tienen raíces profundas, busca apoyo profesional para ayudarte a explorar traumas, reconfigurar patrones emocionales y construir una identidad más sólida y amorosa.